Despedida (3)

Hace poco más de dos años nos reuníamos para despedir a mi abuelo, Ángel. Y hoy dedicamos un poco de tiempo de nuestras vidas a despedir una de noventayocho, se dice pronto, que hace apenas un día se apagó para siempre. Así que, lo menos que podemos hacer es detenernos un momento, apenas un instante en nuestras ajetreadas vidas, y recordar algo que realmente es importante.

¿Te acuerdas, yaya?

¿Te acuerdas, yaya, de Santa María?

De tu infancia en Puértolas, en la indómita montaña de Huesca. De los largos días sola, en la era, en el campo, sube Teresa con los animales a Castillo Mayor, los inviernos durísimos. Apenas pudiste ir al colegio, sólo alguna vez cuando no había faenas en casa o en el campo, y aún tuviste suerte de no ser la primera: tu hermana María no pudo tan siquiera aprender a leer ni escribir, tú si, ella no pudo, tan alto era entonces el precio de ser la mayor. Pese a ello, la dureza del campo y la vida en la montaña, papá y mamá siempre hicieron lo que pudieron. Había bondad y generosidad. ¿Recuerdas lo bonitas que eran las fiestas en verano? El baile, la música, un breve paréntesis de inocencia. Apenas quedan recuerdos de todo ese mundo que hace tiempo se extinguió…

¿Te acuerdas, yaya?

¿Te acuerdas, yaya, de Zaragoza?

En casa erais muchos y había que trabajar, te tuviste que ir a Zaragoza, muy jovencita, una cría apenas, donde tu hermano te buscó una casa, para trabajar, para servir, para limpiar, fregar y planchar, y cuidar de los demás, sin levantar la voz, que es lo que has hecho toda tu vida. Y allí pasaste la Guerra, esa Guerra fratricida, de casa en casa, sirviendo. Pasaron los años también, y la posguerra, que fue larga y dura y muy fría, toda ella en tono gris, las chaquetas y abrigos grises, las casas grises, el paisaje gris…

¿Te acuerdas, yaya?

¿Te acuerdas, yaya, del abuelo?

En Zaragoza le conociste. Fue un día que librabas, alguna fiesta o un domingo, después de Misa sería, fuiste con tu hermana de paseo, con un novio que tenía por entonces. De carabina. Y apareció con un compañero, un maño que se había criado en Albacete, un buen hombre, honesto y trabajador, orgulloso de ser quien era. Imagino cuánto le costaría a aquél maño que le dejaras cogerte de la mano, y quizás, con suerte, robarte algún beso esquivo. El novio de tu hermana pasó, pero tú y el abuelo seguiríais juntos el resto de vuestras vidas. Pero él era un rojo después de una guerra en la que perdió y no había sitio en Zaragoza ni en España para tipos como él. Así que un día decidió echarse al monte e irse a Francia. Fue en verano del 48. Os carteábais, tu en Zaragoza, él en el norte de Francia, de un lado para otro, buscando trabajo. Cartas de amor de exilio. Hasta que un día te dio el ultimátum, o vienes o se acabó. Y fuiste. Era un buen hombre. ¿Qué podías hacer? Te reuniste con él, como te reunirás ahora.

¿Te acuerdas, yaya?

¿Te acuerdas yaya, de Francia?

Veinte años pasaste en Francia. Y entiendo que te costara adaptarte. Primero en la barraca, luego en el HLM. Y Ángel que a veces estaba desplazado, le veías cuando podíais, y tu sola, como muchas veces te has sentido, sola, llevando la humilde casa, trabajando en lo que se podía, cosiendo, limpiando… Otra española más en Francia. Y lo mal que lo debías pasar yendo a la tienda a comprar las cuatro cosas, los huevos, la mantequilla… al principio señalabas con el dedo. Había otros españoles, os apoyábais, como Fraga y Nanette y otros de los que me hablaste pero ya no recuerdo. Veinte años lejos. Pero tiraste adelante la casa y una hija.

¿Te acuerdas, yaya?

¿Te acuerdas, yaya, de MariÁngeles?

Porque fue en Francia donde nació tu hija, tu luz, por la que tanto luchaste y a la que tanto has querido. Pese a su carácter. Y pese al tuyo también. Si tú la protegiste cuando era pequeña, de un entorno que para ti era hostil, ella siempre te ha cuidado cuando ya no te has valido por ti misma. Cuando casi ya no estabas, no te dejó en ningún momento. No te ha fallado, y créeme que no ha sido fácil. Ha estado a tu lado todo este tiempo, hasta el final. Imagino pocas formas más dignas de como una hija puede cuidar a su madre ya anciana.

¿Te acuerdas, yaya?

¿Te acuerdas, yaya, de Barcelona?

Del retorno, de la vuelta a España, a Barcelona. De los primeros tiempos en Santa Eulàlia, que no te gustaba, a los años en la porteria en Craywinckle. De cuando Mari Cruz dio a luz a Mónica, ahí, casi por accidente no, por accidente total, en el minúsculo baño de casa, ayer me lo recordaban. Menudo susto te llevaste. Y de la jubilación. De por fín, tras tantos años, tanto ahorro y tanto silencio, tanta austeridad para ver cumplido el sueño del pisito en Rubens. La vida empezó a pasar despacio, lentamente. Ya tocaba. Pero nunca dejó de haber dignidad.

¿Te acuerdas, yaya?

¿Te acuerdas, yaya, de mí?

Porque yo si me acuerdo, me acuerdo de cuán cerca estuviste siendo yo un crío. Me acuerdo de cuando me llevabas y me traías a la escuela, de cruzar el puente arriba y abajo, de cuidarme cuando me ponía enfermo, de quedarme a dormir en el cuarto pequeño. Y luego, siendo ya mayor, de veros, a ti y al abuelo, una vez por semana si podía, estuviera en lo que estuviera, de las comidas rutinarias en Rubens, de cómo va el trabajo, eso es lo importante, de como a veces te tenía que engañar para que no sufrieras de más, esos pequeños engaños de los que participábamos todos para que estuvieras tranquila, si abuela, ya hemos llegado, todo va bien.

¿Te acuerdas, yaya?

¿Te acuerdas, yaya, de los tuyos?

Porque has sido la última de los tuyos. De José, de Madalena, de Ramona, de Domingo, de Victoriano, de tu querida hermana María, de papá y mamá, allá en Puértolas. En ese cementerio tan humilde como precioso. Subíamos a verles el 15 de agosto, a papá y a mamá. Y a José también. Subíamos al cementerio de Puértolas. Nos escapábamos a veces de la Misa de la Virgen. Total, para lo que decían los curas… y siempre entrabas en el cementerio suspirando, aquí está papá, allí está mamá, no están juntos, qué pena. No te preocupes, esto no te va a pasar a ti, te vas con el abuelo, seguiréis juntos.

Y de Ibra. Porque aunque no sea de sangre para ti ha sido como tu otro nieto. Te trató siempre con una dulzura como pocas veces se han visto en la vida. Al final, cuando la vida se va apagando, la muerte se acerca, así aún no esté presente, lo que cuenta es que estuviste bien, mi madre, yo en lo que pude, Ibra… estuvimos cerca y estuviste tranquila hasta el final.

¿Te acuerdas, yaya?

¿Te acuerdas, yaya, de que fuiste feliz?

Porque cualquiera al que le pregunte “Cómo era la Teresa?” me dirá que sufridora, que toda la vida, todo el recorrido de tu vida, lo pasaste sufriendo, muchas veces con razón, muchísimas veces con razón, otras quizás de más, pero siempre siempre sufriendo, por tu familia, por tu marido, por tu hija, por mí, por esto, por aquello… y por ti. Pero lo que muchos no saben, y es lo más importante, es que a pesar de todo, cuando las mil y una desgracias de la vejez no te dejaban vivir sin dolor, entonces te preguntaba, “abuela, ¿has sido feliz?”, y tu respuesta inmediata siempre fue que sí. Sí, he sido feliz. Y te brillaban los ojos. Como sólo a ti te brillaban los ojos. Y esa es para mí y para quien quiera una preciosa lección de vida que nos dejas.

Te quiero. Descansa.

Puértolas, 15/8/2015

Puértolas, 15/8/2015

Publicado en La via líquida | Deja un comentario

Comiat de Mallorca

En Palma de Mallorca hay un pequeño café situado en la plaza de Cort, que es una plaza auténtica con un edificio importante, el palacio municipal de la ciudad, al cual acudo siempre que dispongo de un rato de ocio en las horas matinales y al declinar de la tarde. Se puede ocupar un lugar en la minúscula terraza del establecimiento, desde el cual se ve el palacio a escuadra, una vista agradable. He tomado allí montones de buenas ensaimadas con una taza de café y un vaso de agua helada. Y siempre me ocurre lo mismo: el vaso de agua me crea la ilusión de estar en Grecia; el café me incita a pensar en Italia; la ensaimada es estrictamente local, mallorquina, sin raíz parecida en ningún otro lugar. ¿Se puede pedir más? ¿Puede suscitarse una sugestión de tanta fuerza imaginativa? ¡Y las muchachas que van y vienen, esas al·lotes mallorquinas! Y total, de Barcelona a este café de la plaza de Cort hay tres cuartos de hora de vuelo, más o menos. Bien mirado, vuelos más idiotas se pueden hacer por los aires de este mundo…
Josep Pla

En primer lloc, i sobretot, a en Biel Huguet per haver-me convençut i convidat a participar en aquesta aventura, amb data de caducitat prefixada, però intensa i polièdrica com poques en la cotidianeitat. I a la Laia, és clar, enredaire en el pensament i la proposició. A la Mariona: sense la seva amistat diària aquest any i mig hauria estat completament diferent. Com trobaré molt a faltar els nostres sopars habituals! I també families properes i amics comuns. I la Carmenza!

Als qui fan feina a Huguet Rajoles Hidràuliques actualment, i també als qui l’han feta en algun moment durant aquests mesos tan vigorosos. Tota llista és injusta perquè queda algú oblidat o arraconat, espero que em sàpiga disculpar, però segur que hi són els dos Tonis: en Toni petit, que és un valent, i en Toni gran que és bona gent, la Marga, és clar, Andrea, Xisca, Laura, Manena i Pau… i tota la bona gent de fàbrica: Guillem, Bachir, Said, Ali, Miloud, Mustaphà, Rachid… tots. A proveidors i clients, alguns amb més fortuna que d’altres en el tracte o en la periodicitat, a tots, amb record especial per els més habituals: David, Andreu, Toni, Joan, Cati, Xisco, Tòfol i Tomeu… la llista és inacabable.

A la gent de Campos, alguns familia, altres en el dia a dia, com la gent dels Tres Molins, Magdalena i Miquel, que em van adoptar en el peregrinatge del dinar diari des que en Toni m’ho feu descobrir, o les noies del pàdel i en Jaumet. També me’n recordaré i molt de la gent d’Amadip-Esment, primer punt d’aturada en el cafè matinal. En fí dels molts amics que queden a l’illa, alguns que ja he anomenat i altres que he volgut deixar pel final, com en Pere (què faríem sense ell?) o en Joan i na Quica, a qui he vist menys del que hauria. I last but not least, a la Maggie i sobretot al gran Eloi, a qui trobaré a faltar però també segur seguirem veient-nos de tant en tant (entrena cabró, que hem de pujar a Sant Salvador en bici!)

En Xesc Grimalt, un dia que ens vam creuar a la Vila, em digué “Diuen que qui ve a Mallorca no marxa mai”. I és bén bé que costa, que costa molt fer-ho. Però és que potser, al capdavall, ja no marxaré mai d’aquesta illa.

Palma, 22/XII/15

Publicado en La via líquida | Deja un comentario

Els tres molins

vi negre

Si no me falla la memoria creo que era en Un giro decisivo donde Camilleri decide exponer al comisario Montalbano a la que posiblemente sea la peor de las angustias posibles para el hombre razonablemente sensible. La angustia del comer. La osteria San Calogero, su osteria, cierra. Calogero se jubila. Al enterarse, Montalbano apenas consigue balbucear un desolador “¿y yo?”. Abandono primigenio. Pero, a la fuerza ahorcan, comienza la búsqueda. Prueba restaurantes varios, a cada cual peor. De malos a repugnantes. Sin amor por el oficio ni el producto, alterna sodomías bucales con atentados estomacales, va dando tumbos a lo largo de la novela mientras sucede el caso de turno. Al fín, tras casi resignarse al abandono, o a la dieta, prueba suerte en un último antro que alguien le propone. Trattoria de Enzo. Desconfiado, entra. No se fía. Son tantas las decepciones… Enzo, tras observarlo desde la barra, finalmente se acerca a la mesa y le dice: “hace días que le espero”. La cosa fue más o menos así. Y, creo recordar, tras unos antipasti de pulpitos en su tinta o unos salmonetes frescos de roca fritos, el comisario Salvo Montalbano sabe con certeza que ha llegado. Sabe que no necesita buscar más. Ulises de nuevo en Ítaca.

Això és Els tres molins. Hi ha qui, potser sabent de què parlo, ho trobarà exagerat, lleugerament hiperbòlic. No importa. Fa més de vuit mesos que sóc per aquest racó de món. I he anat menjant aquí i allà, provant sort en un o altre bar de menús, restaurant o fins i tot buffet lliure. Amb poca fortuna. El dia a dia imposa la seva llei. No sóc amant dels “tuppers”. Dimarts vespre em resulta poc menys que feixuc pensar què dinaré dimecres. Així que jo també he anat peregrinat d’aquí a allà. En un radi determinat, s’entén. Fins que un dia, un company em va parlar d’un lloc: “no et fiïs de les aparences, tu entra-hi”. I així és com vaig arribar a Els tres molins. La meva Ítaca diaria, aquí a Mallorca, a Campos. Sigui floquet o saltejat de sípia, frit, llom amb carxofes o costelletes de xot. No hi ha gaire més, però no cal res més. Na Magdalena té bona mà. I hi ha el somriure d’en Miquel. El vi no és d’aquells vins que a un li recorden el bon vi que es prenia abans. És que és el bon vi que es prenia abans. És el negre, el blanc o el rosat (deliciós) de José Luis Mateo a A Canteira. M’enteneu? És un desori exquisit. L’amic Pousson diria “Putain, il faut y aller et bouffer!”. L’amic Pallarès escriuria alguna oda al floquet còsmic. Per mi, és la meva Ítaca campanera particular. Del què és capaç Mallorca.

Haver-lo trobat en moments de reflexió sobre si estar i on estar fa decantar la balança cap un costat. L’estómac, i no només ell, diu la seva.

Floquet

Publicado en La via líquida | 1 Comentario

17 anys

17 anys, que vas decidir partir.
I encara avuí et trobo a faltar.

17 anys

Publicado en La via líquida | Deja un comentario

Vientos del pueblo me llevan

Som fills del que som (i jo sóc fil de qui sóc):

Vientos del pueblo me llevan,
vientos del pueblo me arrastran,
me esparcen el corazón
y me aventan la garganta.

Los bueyes doblan la frente,
impotentemente mansa,
delante de los castigos:
los leones la levantan
y al mismo tiempo castigan
con su clamorosa zarpa.

No soy un de pueblo de bueyes,
que soy de un pueblo que embargan
yacimientos de leones,
desfiladeros de águilas
y cordilleras de toros
con el orgullo en el asta.
Nunca medraron los bueyes
en los páramos de España.

¿Quién habló de echar un yugo
sobre el cuello de esta raza?
¿Quién ha puesto al huracán
jamás ni yugos ni trabas,
ni quién al rayo detuvo
prisionero en una jaula?

Asturianos de braveza,
vascos de piedra blindada,
valencianos de alegría
y castellanos de alma,
labrados como la tierra
y airosos como las alas;
andaluces de relámpagos,
nacidos entre guitarras
y forjados en los yunques
torrenciales de las lágrimas;
extremeños de centeno,
gallegos de lluvia y calma,
catalanes de firmeza,
aragoneses de casta,
murcianos de dinamita
frutalmente propagada,
leoneses, navarros, dueños
del hambre, el sudor y el hacha,
reyes de la minería,
señores de la labranza,
hombres que entre las raíces,
como raíces gallardas,
vais de la vida a la muerte,
vais de la nada a la nada:
(yugos os quieren poner
gentes de la hierba mala,)
yugos que habéis de dejar
rotos sobre sus espaldas.

(Crepúsculo de los bueyes
está despuntando el alba.

Los bueyes mueren vestidos
de humildad y olor de cuadra;
las águilas, los leones
y los toros de arrogancia,
y detrás de ellos, el cielo
ni se enturbia ni se acaba.
La agonía de los bueyes
tiene pequeña la cara,
la del animal varón
toda la creación agranda)

Si me muero, que me muera
con la cabeza muy alta.
Muerto y veinte veces muerto,
la boca contra la grama,
tendré apretados los dientes
y decidida la barba.

Cantando espero a la muerte,
que hay ruiseñores que cantan
encima de los fusiles
y en medio de las batallas.

Miguel Hernández. 1939.

Rafael, por favor, lo ruego: del minuto 13,17s al minuto 15,45s:

Publicado en La via líquida | Deja un comentario

Rubaiyat, 3/11/2014

rubaiyat

Imagen | Publicado el por | Deja un comentario

10 vins (3): Foucault

Tot aquell qui s’aproxima al vi, amb curiositat i interès per deixar-se captivar i endur, tard o d’hora arriba a rendir-se a alguna de les grans varietats blanques de zones fredes. Per alguns, la majoria, és la chardonnay. Per altres, la gran reina és la riesling. Per mi va ser i serà la chenin.

El meu primer encontre amb la chenin va ser tan colpidor que encara avuí el recordo vivament. Va ser en el primer viatge al Rosselló, primavera del 2011, amb el tercet que havíem configurat la Malena i el Fredi. En un sopar a Calce, Tom a la brasa i Lionel obrint ampolles i patés d’algues, va sortir a la conversa que l’endemà aniriem al proper Latour-de-France a visitar un tal Cyril Fhal que, semblava, feia uns vins de puta mare. Dit i fet. L’endemà a les 10h i després de rondar pel poble, arribàvem a trobar l’etiqueta a la porta del 6 de la Place Marcel Vié.

Quan et vas acostumant a això d’anar visitant cellers i viticultors, moltes vegades no creus que es produeixi un encontre especialment interessant. Però alguna vegada, alguna, la sorpresa es produeix i apareix la màgia. La màgia que ens reafirma que aquest és el món que no només ens agrada i ens fa sentir autèntic plaer, sino que ens dóna aquell punt de més que ens fa sentir vius. Aquell dia, crèiem, seria una visita com tantes altres: una volta per les vinyes, un tast al celler i salutacions que això ha estat tot.

Encontre amb la chenin

Encontre amb la chenin

No va ser així, es clar. Altrament, tantes coses que han vingut després no haurien ocorregut com ho han fet. Si, vam conèixer el Cyril i ens vam fer amics. Vam anar a fer un tomb per les vinyes apilats al destartalat Peugeot 406, al Clos, on el petit Rémy ens alliçonava sobre les diferències entre la garnatxa i la carinyena, saltant descalç per damunt els murs d’esquist i les petites terrasses gratades, més que llaurades. Després vam baixar a Latour, de nou al celler, i vam tastar els macabeus, delicats, les garnatxes fresques i les carinyenes profundíssimes d’aquell ventós racó de món. El meu francès no era el d’ara i no entenia algunes coses, em mantenia més expectant que participatiu, però el moment era lluminós, la conversa fluida i molt reposada. Un moment preciós, de debò. Tan preciós que va ser l’hora de dinar i les coses van succeir naturalment: vam pujar al pis de dalt i ens vam quedar a dinar. Recordo un plat de pasta amb verdures, moltes verdures, tomàquets i una simfonia de colors damunt la taula. Recordo el Cyril baixant un parell de cops al celler a cercar alguna ampolla seva, un blanc, una vinya vella… però el moment que queda més diàfan en la meva memòria va ser quan va obrir aquell Domaine du Collier 2006, un blanc cristal·lí i pur com jo no havia tastat mai fins aleshores. La chenin, la meravellosa chenin.

Febrer 2014. Chacè. Departament de Maine et Loire. A dues passes de Saumur. Plou i s’ha fet de nit molt ràpid. Aparquem davant la Mairie i entrem per la gran portassa enreixada al pati de grava d’una de les granges tan característiques d’aquest país de la Loira. Estem esgotats de tot el dia a la Dive, donant a tastar, donant explicacions, en francès, en anglès, en castellà i en català també. I d’haver dormit poc la nit passada a la Porte de Saint Jean. I del viatge des del sud el dia abans. Però jo estic emocionat. La possibilitat de tancar un cercle i conèixer la Caroline i l’Antoine Foucault, els responsables de fer que la chenin de Collier sigui la que és, em manté en tensió. Entrem a l’estança on els viticultors amics comencen a picotejar el paté de llebre, les rillettes i els cornichons. Trobo cares amigues com el Ricardo i el Lionel, en conec d’altres com el Bertrand, Jerôme, Stéphane… i malgrat la meva posició de silenci cansat i discreta observació, aconsegueixo mantenir una conversa amb Caroline. Antoine i altres van obrint ampolles. L’ambient és molt distès, tenim un autèntic showman amb nosaltres, un d’aquells personatges que no es cansa d’explicar anècdotes increïbles, tant de Chinon com de la Xina, tothom riu i s’ho passa bé. Però en el moment en que Antonie obre una ampolla i serveix, tothom es concentra i es parla del vi. De res més que del vi. Clos Rougeard corre amunt i avall. Les Poyeux 2008 també donarien per escriure un post com aquest.

Chacè. Domaine du Collier

Chacè. Domaine du Collier

En un moment, el Cyril em guinya l’ull i em comenta si vull baixar a la cava. Ni responc que ja estic dempeus. Baixem uns quants amb llanterna per la rampa lliscosa de líquens i fongs, deuen ser les dues de la matinada, demà hi ha més fira però no ens importa res més que el moment present. Ja no plou i les olors d’humitat augmenten a mida que descendim. S’obren les portes del celler, s’obre un mon silenciós i humidíssim, excavat en la roca mare, roca pura, es perd en el temps l’origen d’aquesta cava. Diuen que pels volts de Saumur hi ha més construït sota terra que damunt la superfície, i bén podria ser. Qui hagi estat per la zona, a Brezé, a Chacè, a Varrains, a Champigny, al mateix Saumur, sap de què parlo. Els llums de la cava són dèbils, com si no gosessin pertorbar la màgia del que allí succeeix i que ens manté a tots en un silenci expectant. Una capa de fongs blancs ho cobreix tot: el terra relliscós i mullat, les barriques, les parets… és el Domaine du Collier.

Aquesta escena, gairebé ritual, es repetí el dia següent. La hospitalitat i generositat de la gent de la Loira fou indescriptible, amb un nouvingut com jo. I torna a repetir-se cada any, pels volts de febrer, quan arriba la Dive i altres salons. És quan tots anem a la Loira, quan aquest ritual es repeteix i repeteix. A casa dels Foucault, inalterable des de fa més de vuit generacions. La crida del gran riu. Per alguns és la crida de la naturalitat, la crida de la cabernet franc, que és com és la gent d’allí, franca, vital i hospitalaria. Per mi és la crida de la chenin. Nítida, cristal·lina com cap altra, pura, l’equilibri més fràgil entre la verticalitat i la generositat en boca. Quan ni hi sobra ni hi falta res, ja hi ets. És, sense cap mena de dubte, el meu vi blanc.


Si un dia s’acabés el món i al darrer sopar pogués escollir hi hauria, segur, un Collier 2006, la meravellosa chenin, i un Ubac 2005, irrepetible i únic cinsault. I després, que passés el que hagi de passar.

La calma del gran riu al seu pas per Saumur

La calma del gran riu al seu pas per Saumur

Publicado en La via líquida | Deja un comentario

10 vins (2): Fhal

Gairebé la darrera ampolla...

Gairebé la darrera ampolla…

Amb l’Ubac 2005 s’esgoten els adjectius. Tot hi és. Diuen que abans de morir la vida et passa pel davant com una pel·lícula, tota en un instant. Poden passar tantes coses davant d’un quan un vi s’escola boca endins?

El mateix Cyril gairebé no sap com va fer un vi així. El gran i generós Gérard, bon amic i orgullós rossellonenc, veí de Calce, li va dir al tastar aquesta cinsault: “És La Tache del Rosselló”. No ho sé, no he tastat mai La Tache i no sé si mai l’arribaré a tastar. Diuen que la cinsault és esplendorosa només un any per dècada. 2005 va ser absolutament indescriptible. I si ho és el 2015? Jo vaig trepitjar la 2013, me’n vaig xopar els peus i les cames. De la seva escalfor en maceració, del seu xupxup. El 2013 es mesclarà amb la carinyena vella i la garnatxa, com ha estat des de 2007.

Però 2005 no es va mesclar. Es va embotellar la carinyena per una banda i el cinsault per una altra. I el que va passar va ser extraordinari.

L’Ubac és una parcel·la (un lieu-dit) de poc més d’una hectàrea, un coster molt i molt costerut que ja no és rossellonenc: pertany al terme municipal de Planèzes, a la Fenolleda, i això vol dir Llenguadoc. Per 3 kms sortim del Rosselló. Per arribar a l’Ubac hem d’anar de Latour de France reumuntant la vall de l’Agly, en direcció a Rasiguères. Creuem el petit poble de Planèzes, on no hi ha res tret de la Cave Coop (La Coperativa), dues Gîtes Rurals i en Jean-Marc, un mecànic de motos que té el seu taller entaforat sota el campanar de l’església. També es dedica al tràfic de verdures de l’hort, quan en té.

Cinsault. L'Ubac

Cinsault. L’Ubac

Passant Planèzes hi ha un petit trencall a l’esquerra, cap al sud, en direcció al riu, i just davant se’ns il·lumina més que apareix l’Ubac. No cal tenir ulls experts en això del vi per comprendre de seguida, instintivament, que es tracta d’un lloc especial. Els teus ulls es topen amb un coster franc, cara nord, conformant un triangle gairebé perfecte, amb un mur de pedra seca que el travessa de punta a punta per la meitat. La part de dalt és una garnatxa gris de més de seixanta anys que, a partir de 2014, donarà un Ubac blanc. Una incògnita, però el terroir hi és. Del mur de pedra en avall, la parcel·la es divideix clarament en tres parts. En dos meitats tallades per l’eix vertical i un triangle a la part inferior dreta. L’Ubac fa una una lleugera panxa. De l’eix a l’esquerra, vist des de Planèzes, la carinyena vella, plantada el 1905, entortolligada i resistent, generosa al centre i escassíssima fins a extingir-se a mida que arribem als extrems, a tocar de les alzines i els cirerers i la matassa que envolta tota la finca. En aquesta banda no hi ha murs i la mica és vermellosa. Just a l’eix de la panxa, ja cap a la dreta, comencen els tres murs superiors que arriben fins el bosc i escalen en terrasses la cinsault de setanta o vuitanta anys, qui sap. La mica és negra i els senglars saben, com els vells sabien, que aquest matís fa que el sòl esdevingui diferent i la varietat adequada sigui una altra. La carinyena a l’esquerra, la cinsault a la dreta. Just on el llaurat dels senglars, que remouen el terra però respecten la planta, s’atura, és just on la planta canvia. Saviesa ancestral que esdevé saviesa instintiva. Abaix, en un triangle dins el triangle, trobem una petita subparcel·la de garnatxa, “la jove”, només de seixanta anys. Cal treballar amb mimo aquesta garnatxa, envoltada de massa boscosa com es troba. No hem de deixar que li prenguin la energia.

Peus d'Ubac

Peus d’Ubac

I això és l’Ubac. Us asseguro que veremar allí és una meravella. Són les set i quart i t’oblides que has matinat. Cada cep és preciós en el seu fruit, aixeques el cap i veus com el sol comença el dia il·luminant Planèzes i l’extrem oest de la Tourèze, el primer contrafort calcari de les Corbières, que just comencen passat l’Agly, uns pocs centenars de metres davant. No us avorriré amb detalls de viticultura hivernals. Es llaura amb motocultor petit, a força de braços, l’animal no és tradicional d’aquesta zona pobre. Molta aixada, repàs peu per peu. Una, dues vegades, planta per planta, gota a gota de suor. La poda és curosa, poda curta i tardana, quan la sàvia ja ha baixat i les calors comencen a apuntar. Es netegen els marges quan es pot, per evitar que el bosc acabi prenent l’energia a unes vinyes molt velles que necessiten ser mimades. Es composta la terra en la justa mesura. El vent fa la resta: ni malures ni fongs, és una zona airejada per la tramuntana. Si a l’hivern gires el teu cap vers l’oest, veus el Madrès, omnipresent, enviant un vent constant i fred que la planta resguarda i a l’home fatiga.

D’aquí en surt un vi de parcel·la que, des del 2007, ajunta les tres varietats en la proporció que la natura decideix. Cada any diferent, cada any constant. La vinya vella no amaga. Mil i pocs litres. Trobareu Ubacs a partir del 2007 on hi ha les tres varietats, carinyena, cinsault i garnatxa. Cinsault i garnatxa es veremen una mica abans que la tardana carinyena, i per tant també es vinifiquen apart. Després, s’ajunten amb harmonia. El 2006 no es va fer aquest vi. I el 2005 va ser la primera anyada. Anyada en que s’embotellà carinyena per un costat i cinsault per l’altre. Per què? Perquè no es tenia experiència i es va fer el que la natura digué. I és aquesta cinsault, del qual el productor ja només en té 2 ampolles, una màgnum, que jo sàpiga (la resta, unes 500, s’han mal o bén begut) que a mi em va fer callar. Un vi tan fràgil i tan profund que semblava impossible poder provar mai més quelcom de tan inestablement perfecte. Agraeixo haver tingut el privilegi de tastar-ne dues o tres copes. Jo ja hi era quan el vaig tastar. Però crec que d’alguna manera, aquell vi, aquella ampolla, va restar guardada perquè la tastés i em canviés la vida. Si mai arribéssiu a trobar alguna ampolla, siusplau agafeu-la i aviseu-me, que vull tornar a ser feliç.

Des de l'Ubac: L'Agly, Planèzes, la tourèze i les Corbières apuntant al fons.

Des de l’Ubac: L’Agly, Planèzes, la tourèze i les Corbières apuntant al fons.

Publicado en La via líquida | Deja un comentario

10 vins (1): Gangloff

Ha estat l’Albert Martínez López-Amor el promotor intel·lectual d’aquesta idea, ja que no tenia com a objectiu publicar aquest llistat. Breu: aquest matí estava acabant de buscar una certa inspiració per l’etiqueta d’un vi (un petit divertimento) que he fet amb un amic a Galicia. Bé, ell l’ha fet. Jo només he escollit la mescla de dipòsits i… ja en parlarem quan toqui d’això. El tema és que l’etiqueta, en el seu corpus principal, ja està clara. Però quedava un toc, de fet no sé encara quin. I aquest matí, pensant-hi, se m’ha ocorregut llistar els vins (sis, deu..) que realment m’han marcat profundament en la meva trajectòria personal en això del vi. I, un cop trobats, mirant enrera, la idea era cercar les etiquetes a veure si trobava aquest “quelcom” que em faltava. I en això que els he llistat en una nota a l’ordinador, i mirant-los he vist que gairebé tots eren monovarietals. Curiós, o interessant, perquè no hi havia pensat mai. Penjant aquesta reflexió al facebook, l’Albert ha comentat que els podria publicar. I, ja dic que no hi pensava, però després mentre feia bici (és un mitjà de transport ideal per reflexionar) hi he anat donant voltes i he conclòs que si, que valia la pena publicar-los. I aquí estem.

D’entrada dir que tota llista és injusta, per excloent. Però, confessem-ho: a mi m’agraden les llistes. Que si els 212 pics de més de 3.000 metres dels Pirineus, que si els 60 ports mítics ciclistes que vull pujar, la llista de material per la motxilla o les alforges, que si les compres a l’Ikea per l’àtic de Palma… llistes, llistes, llistes. Els vins que he escollit no tenen perquè ser “els millors” que mai he tastat. Alguns si, però altres són vins que m’han provocat, juntament amb un plaer organolèptic i sensorial evident, una reflexió per com estaven fets, pel moment precís en que van ser descoberts o per les qüestions que plantegen a l’aprenent de nosesapmassabénbéquè dins el món del vi. Doncs això. Tots tenen la seva petita història darrera. I és per això que els escric i els explico. Som-hi doncs.

La Chapelle. Hermitage.

La Chapelle. Hermitage.

El primer vi que recordi de forma diàfana com un vi que em va plantar al davant una nova manera d’entendre les coses va ser La Barbarine, crec que de l’anyada 2009 De Gangloff. És una sirà de la Côte Rôtie (l’apellation més septentrional del Roine), ja a tocar de Lió. És gairebé un monovarietal de sirà amb un punt (un 8%, permès a la regió) de viognier. Segur que abans n’hi ha hagut algun més, però el que en el dia d’avuí he pogut remuntar-me, el primer ha estat aquesta fantàstica sirà francesa.

Recordo perfectament aquell primer viatge vinícola a França, a l’hivernal Mercat d’Ampuis (2011, si no em falla la memòria), una de les fires imprescindibles de fer, almenys un cop a la vida, si es vol conèixer el comerç del vi al país veí. La Malena i jo vam ser introduïts i meravellosament guiats per l’amic Fredi. D’aquells viatges que marquen un abans i un després. Un viatge de descobriment, com aquells interrails excitants dels 18 anys, en que senties quant frenètic podia ser descobrir el món. Arribar directes a la Chapelle del turó de l’Hermitage just quan el feble sol de finals de gener es ponia, sentir les explicacions de sòl, del menadre del riu que crea aquest turó tan singular… Recordo descobrir els sopars de viticultors amb trufes negres senceres a la taula i més i més ampolles… també l’activitat frenètica del Marché, on la gent no va a catar sino a comprar (després de tastar, es clar), recordo els escargots à la bourgignone devorats en un racó on el sol semblava voler escalfar una mica… i tastar vins que, de cop i volta, feien ampliar horitzons a allò conegut.

Escargots à la bourgignone. Ampuis

Escargots à la bourgignone. Ampuis

Vam tastar moltes coses, si m’hi esforcés i busqués i fos a Barcelona, encara trobaria alguna nota. Però hi va haver dos vins que recordo especialment d’aquella Fira. Un va ser La Turque de Guigal. Estàvem tastant els vins de Guigal amb algú del celler que coneixia el Fredi. Damunt la taula, els vins de gama habitual. Sabeu la sensació quan un avió accelera per la pista i s’enlaira? Doncs la mateixa: anàvem en acceleració, cada vi era més fi i subtil que l’anterior. I un cop vam acabar, creuament de mirades còmplices i de sota taula surten dues ampolles: La Landonne i La Turque. I llavors vam enlairar. La Landonne era una meravella per un gairebé neòfit com jo: un especiat tan subtil que entrava, voltava per la boca i baixava com dient: “eh, aprèn xaval”. I just després, La Turque va ser el summum, pujar un esglaó encara més amunt, despuntava un delicadíssim perfum d’avellana, dolç. De xocolata amb avellanes. I acariciava la llengua i tota la boca com no havía sentit mai abans. Màgic.

I si, podria haver estat La Turque de Guigal. Però el vi que em va marcar aquell dia i del que vaig fer l’enorme esforç per la meva butxaca de l’època d’adquirir-ne 3 ampolles, que vaig intentar fer durar el màxim de temps possible, va ser La Barbarine de Gangloff. No conec la Mathilde, però veient l’Ives Gangloff de seguida vaig pensar que estava davant l’Iggy Pop del vi francès. Tal qual, com un vell rockstar amb energia per tombar-nos a tots, la mateixa pell tibada, seca, fibrosa, austera gairebé. La imatge viva d’Iggy Pop. Doncs de tot el Marché, el vi que em va captivar més profundament va ser el Gangloff. Un vi com el presonatge: totalment auster, amb un domini de la fusta nova esparverant, amb l’amplitud justa, molt “sirà”, vertaderament profund. Seria la metàfora del que va suposar aquell viatge. Aquell primer viatge a la França del vi i pel vi.

Seria interessant saber com m’entraria aquella Barbarine de Gangloff avuí, tardor de 2014 amb el que un ha anat corrent en això del vi. Seria interessant. Però el que puc dir és que aquell vi, en aquell moment vital i esperiencial concret, va suposar un autèntic punt i apart en el que era la meva curtíssima evolució personal dins el vi. I per això apareix en aquesta llista. El primer.

La Barbarine. Gangloff

La Barbarine. Gangloff

Publicado en La via líquida | 3 comentarios

Ciudad putrefacta

Salgo a la calle. Dudo hacia cuál lado
dirigirme. Da igual un sitio que otro.
Todas las direcciones se bifurcan
en incomodidad o aburrimiento.

Destrucción de la mañana. Nº13. José María Fonollosa.


Barcelona.
Ciudad putrefacta.
Pocas veces vengo ya. A mi ciudad secuestrada.

Cruzo unas calles del centro para una cita, para un encuentro.
Exaspera la cantidad de agotamiento que hay que superar para encontrar la luz de una conversación.
Mi ciudad ya está perdida. O quizás sea yo.

Pero no soy yo. Toda este gentío que me derrumba nada tiene que ver conmigo.
Masa dócil. Ensimismada. Repetitiva. Aburrida.
Sólo alguna mirada cruzada. Alguien aturdido. Como yo.

Busco aire. Me conformo con el metro.
Busco aquello que no cambia.
Busco mi infancia. Me busco a mi.

cherpi

Publicado en La via líquida | Deja un comentario

Despedida

Tan sólo unas palabras para recordar a mi abuelo.

Como nieto, y nieto único, recuerdo un sinfín de cosas buenas, de anécdotas compartidas, de momentos y emociones. Pero quiero detenerme en su vida. Yo le admiré siempre por la vida que tuvo y la dignidad con la que la vivió y defendió sus ideales. Y fue su vida pero también fue una vida como la de muchos de los de su generación. Una vida difícil, dura, sin momentos para la duda o para el regalo, o seguías adelante o te quedabas. Son vidas que nos parecen de tiempos muy pasados, en este mundo en el que vivimos donde todo está perfectamente organizado, planificado, donde nuestras preocupaciones son pequeñas. Una vida vivida en un mundo que ya no parece el nuestro. Pero una vida con una dignidad y de una ejemplaridad que guían, que dan sentido en momentos de duda. Fue un hombre libre.

Nació un 30 de noviembre de 1916, en Zaragoza, en el Tubo. Europa se desangraba y, aunque vino al mundo frente al Pilar parece que eso no le marcó demasiado. Le marcó más un entorno familiar claramente de izquierdas. No se crió en Zaragoza. Su padre, José, ferroviario y socialista, participó en las huelgas del 17 y de un posible traslado a Vilanova, en Catalunya, donde veía un futuro mejor para sus hijos, fue enviado a Albacete. Imaginaros Albacete a principios del siglo XX: apenas un apeadero. Ahí se crió.

Decían sus maestros que el chaval valía para estudiar, pero en casa todos los brazos eran necesarios para comer, y aunque el padre, José, tuvo claro que todos los hijos debían saber leer, escribir y algo de números, a los 10 años puso a mi abuelo a trabajar como aprendiz en una carpintería. Si pequeño sería que le tuvieron que poner un cajón bajo los pies para que alcanzara a llegar a la mesa.

Se acordaba perfectamente del 14 de abril del 31, catorce años tenía, cuando la proclamación de esa República cuyo sueño le acompañaría toda la vida. También se acordaba perfectamente del levantamiento militar y el inicio de la guerra, esa puta guerra que arrasó este país y se llevó por delante una de sus mejores generaciones. Se alistó voluntario, como su padre también, y en agosto del 36, diecinueve añitos, un crío apenas, recibía un disparo en las sierras que rodean Madrid. Fue tasladado al Hospital Militar de la Calle Princesa, hospital que ya no existe hoy en día. Le extraerían la bala aunque le dejaron metralla dentro, metralla cuya marca aún hace apenas un mes, mostraba orgulloso a médicos y personal de la clínica donde le operaron.

Recuperado y con permiso, la República, aún espléndida, le agradeció con 500 pesetas. Se compró un reloj de oro (¡99 pesetas!), se hizo un traje a medida en un sastre de Albacete y compró un jamón. En qué empleó el resto ya no se acordaba. Pero la guerra siguió y le tocó volver al frente. Siempre al frente. En invierno del 37, en Teruel, ¡qué frío hacía! Cuentan que se llegó a 25 bajo cero. Mal vestidos, mal comidos, los pies congelados y las amputaciones iban a la orden del día. Un atardecer, harto, con un grupo de compañeros, se saltaron una orden y se fueron a dormir a un pajar que había entre las dos líneas. Ahí, caliente entre la paja. Y siempre dijo que fue la noche que mejor durmió en toda su vida.

Finalmente la guerra terminó. Para los perdedores fue derrota y castigo: fue enviado a África para realizar una segunda mili, en Ceuta. Después vuelve a Zaragoza unos años más tarde, donde conoce a la abuela, a Teresa, esta montañesa que apenas se dejaba coger la mano por un novio con ganas de más. Pero la posguerra fue casi tan dura como la guerra, y no abundaba el trabajo. Menos para un rojo. Así que, apenas terminada la 2a guerra mundial, con un compañero, decide pasar clandestinamente a Francia. Muchos conocéis la anécdota del paso por Llívia, ese enclave español metido unos kilómetros dentro de Francia. Salieron al atardecer de Puigcedrà, con lo puesto, y era poco porque era agosto, caminando recto por los campos, como les habían dicho, y al ver un mojón francés se creyeron a salvo. Un poco más adelante se echaron a dormir, tras un muro de piedra. Por la mañana les despiertan unas voces cercanas, miran por encima del muro y el miedo les invade al ver que eran dos guardias civiles. ¡Habían entrado en Llívia! ¿Qué había pasado? Salieron pitando por los campos, y más tarde, ya de nuevo en Francia, alguien les contaría lo ocurrido. ¡Menudo susto!

Con razón, él quería quedarse en el sur, por Toulouse, pero en la Francia del 48 no había trabajo allí, todo estaba destruido en el norte, cerca de Alemania, por la guerra, así que fue enviado muy, muy al norte, donde sólo llueve y hace frío, donde empezó a trabajar, donde finalmente la abuela se reunió con él y donde nació su hija, mi madre. Era un emigrante español en Francia, uno más, un republicano más, un derrotado más. Pero nunca hubo quejas ni lamentos, aceptó la vida que tenía delante con humildad y con dignidad. No había otra.

Yo siempre he sido del Barça, soy del Barça, y no entendía porqué mi abuelo era, digamos, ligeramente del Real Madrid. De crío nunca lo entendí, la verdad. Yo le preguntaba, él callaba. Luego, con los años, comprendí que un puto emigrante español en Francia, quizás nunca bien tratado y con pocos motivos para sentirse orgulloso de su país, del país del que había tenido que irse, por la puerta de atrás, quizás sentiría algo de orgullo al oir de las gestas del Madrid de Di Stéfano. Ese equipo que lo ganó todo. Quizás por ello fuera siempre un poco merengue, cuando lo entendí me puse en su piel y dejé de darle la vara con eso. Porque debía ser una de las pocas cosas por las que sacar algo de pecho de su país. Como cuando Bahamontes ganó el Tour, en el 59. Siempre se acordaba de eso.

Pocos sabéis que a punto estuvieron de emigrar a Australia. Había una campaña del gobierno australiano para atraer parejas jóvenes, para poblar el país. Les ofrecían casa, trabajo, un poco de tierra, una vida en definitiva. En Melbourne, siempre decía. Y él iba, él se lanzaba. Pero la abuela, maña, maña, maña, montañesa, tauro y tozuda, le preguntó que si volvería a España a ver los suyos. A Puértolas. ¿Australia en los años 50? No sé cuantos meses en barco… No. Si se iban era para no volver. Nunca más. “Pues te vas tu sólo”, le dijo la abuela. Así que se tuvieron que quedar en Francia, criar a mi madre, bajar unos pocos veranos a España y, ya a finales de los 60, cuando MariÁngeles fue mayor de edad, regresar definitivamente a España, instalándose en Barcelona.

A partir de ahí, los últimos años de trabajo en España, Craywinckle, Rubens y por fín una jubilación merecida, en paz, muy larga, aunque no lo bastante como para que su país le haya podido devolver y sobretodo agradecer la entrega y el sacrificio que él le dedicó. Tuvo calidad de vida, en su vejez. Hasta no hace mucho todavía decía que, siguiendo como estaba, él quería llegar a los 100. Pues poco te ha faltado, abuelo…

Pude despedirme de él. Tuve la immensa suerte de poder hacerlo. No lo pude hacer en otra ocasión y agradezco no sé a quién haber tenido esta oportunidad.

Fue apenas un dia antes de apagarse, cuando ya le costaba articular palabras comprensibles, cuando casi casi ya no era él. Me acerqué un momento para despedirme, pues tenía que irme a trabajar. Me senté delante suyo, le pregunté como estaba, él negaba con la cabeza y con la mano. Le dije que me tenía que ir, y entonces se le entendieron perfectamente las palabras: “tu tienes que hacer tu vida”, me dijo. Le brillaron los ojos, le cogí la mano, pudimos hablar un poco, muy poco, pero lo justo. Y cuando sus labios temblorosos se acercaron a mis mejillas, entonces fui perfectamente consciente del momento. De ese momento preciso. Un momento lúcido, un momento único. Que queda incrustado en la memoria. Un auténtico regalo. Te quiero. Descansa.

En la Plaça Sant Jaume, de Barcelona. Celebrando el 14 de abril. Año 2013.

En la Plaça Sant Jaume, de Barcelona. Celebrando el 14 de abril. Año 2013.

Publicado en La via líquida | 4 comentarios

Afortunado

ImagenBarcelona, 28/03/2014

 

Publicado en La via líquida | Deja un comentario

Las horas canónicas u ocho momentos de marzo: Sexta

En este viaje ha habido algunas etapas como la anterior. Me gusta que un cambio de territorio se note, que lo noten las piernas, que la inmersión en el paisaje sea progresiva. La elección de la ruta aquí es fundamental. Hay que estudiar un poco el mapa antes. Preguntar sirve si se tienen dudas, pero con prudencia: la gente normal y corriente o los conductores siempre señalarán la ruta más directa o más fácil desde la perspectiva del conductor (¡nunca preguntar a un camionero!). El cicloturista debe buscar exactamente lo contrario: la ruta más enrevesada y la más discreta, que acostumbrará a ser la menos circulada y menos riesgosa. A menos tráfico más silencio.

t4Una curva bastante pronunciada en la tranquila carretera entre Farena y Capafonts

Penetrar en Priorat por Prades para disfrutar de ese mundo tan especial y particular. Alcanzar la Terra Alta, el sur del sur, desde el gran Ebro por La Fatarella. Entrar en el Maestrat y la Comunitat Valenciana por la altiva Morella tras superar el duro puerto de Torremiró desde Herbés, un pequeño Tourmalet de rampas demenciales donde el viento es amo y señor y el crepúsculo me recibe con un frío tan penetrante que me cala hasta los huesos. Alternar las províncias de Castellón y Teruel por los duros puertos de Mosqueruela y Linares, aún en tardoinvierno y en borrascosa oscuridad, esquivando la nieve de las cunetas. Luego vendría el pedaleo nocturno de Simat de la Valldigna hasta Xàtiva, poco antes del cambio de hora, primavera ya, cruzando un puerto delicioso, perfume de azahar y hierbas aromáticas, luna llena y ruidos de noche mediterránea. Y conseguir el ansiado puerto de Albaida, evitando la inevitable autovía, para conocer a Joan Cascant y sus proyectos de microviña en Muro de Alcoi… podría seguir así enumerando los mil desafíos orográficos de esta Península, hasta el 17 de agosto en que entré en Barcelona de nuevo por La Rabassada, mi Collserola, buscando un último simbolismo y un esfuerzo que valorizara aún más si cabe el recorrido y el paisaje.

2013-03-18 17.28.04Port de Torremiró (1259mts): alcanzar Morella va a costar algo de sudor…

Este tipo de accesos graduales y geográficamente dramáticos es lo que me esperaría los próximos días. Pero ahí subyace el gran valor de lo hecho. Pedalada a pedalada, minuto a minuto, gota a gota… cada metro de asfalto así como cada fotografía mental del paisaje permanecen incrustados en la memoria para siempre. Esos instantes quedan. El cicloturista, en calidad de viajero que se desplaza a una velocidad que apenas supera los 15km/h (cuando sube, aún menos) siente que todos sus poros y todos sus sentidos se sensibilizan hasta el extremo. Acompasa la respiración y el ritmo de las piernas a su corazón. Cuando sube, percibe el terreno descarnado directamente en toda su musculatura, cuando sube todavía más, aprieta los dientes y mira al suelo, mira sus pies, intenta distraer el sufrimiento contemplando el paisaje, intenta despistar el lento paso del segundero imaginando la ducha caliente. Pero siempre sigue, metro a metro, incluso centímetro a centímetro, hasta coronar el puerto y asegurarse del éxito conseguido. ¡A por otro!

Hay un una lección después de Santes Creus: el pedaleo incesante es mi labora particular, y mi ora es el tiempo pasado encima de la bicicleta, tiempo alternado en disfrutar de un paisaje generoso, en ocasiones voluptuoso (la primavera de 2013 es espléndida en agua) y en reflexión pausada, tranquila y sin prisa, pues hay tiempo de sobra por delante. He ahí una certeza: ora et labora: piensa y pedalea.

2013-03-19 17.53.19A pocos kilómetros de alcanzar el Puerto de Mosqueruela (1475mts), se avecina borrasca…

Publicado en La via líquida | Deja un comentario

y 16 años…

16 años

Imagen | Publicado el por | Deja un comentario

Las horas canónicas u ocho momentos de marzo: Tercia

Me enfrentaba a la primera gran etapa. Cerca del centenar de kilómetros para acceder del Camp de Tarragona al Priorat superando evidentes dificultades toponímicas. Qué fácil se ve en un mapa. Primer día fuerte, primera gran mutación de paisaje, primeras cuestas. Casi 40kilómetros de subida constante. Me ha costado despedirme de Vilabella: Magí, Romà e Irek me han regalado tres superdibujos que me acompañarán parte del viaje. Romà, valiente, me acompaña en bici hasta la salida del pueblo, y yo deshago la carreterita hacia Bràfim. Fuerte viento desde Vilabella hasta que alcanzo el aiguabarreig industrial de La Riba (tras fugaz paso por Valls) donde paro a picar algo antes de empezar a subir de verdad.

t1Magí, Romà, Irek

El día de los cielos, así es como catalogué las fotos de esa jornada de viento y nubes alucinantes. No recuerdo volver a gozar de un día con unos cielos tan sobrecogedores hasta que alcancé el corazón de Castilla la Vieja. A partir de La Riba, muchos tramos en plato pequeño y a menudo de pie por una carretera discretísima remontando el río Brugent, de curvas cerradas, salpicada por masías abandonadas, muros de piedra seca y bosques verticales. Una fuente aquí, un bloque de granito allí, me adelanta un viejo Dyane a manos de un abuelo… pero lo que impera es el silencio del viento.

Así es el paisaje en Farena, donde parece que termine la carretera, en Capafonts (un pueblo realmente aislado) y hasta Prades, una de las entradas al Priorat y rozando los 1.000mts de altitud. Apenas entro en el pueblo tocan las cinco. El sol desciende rápido y hace frío allá arriba. Aún me faltaba un buen trecho. Me cubro con casi toda la ropa de la que dispongo y me lanzo a toda pastilla hacia el collado de l’Albarca y Cornudella. A estas alturas, ya sé manejar adecuadamente el peso de la bici, y la estabilidad de las alforjas en bajada. Había elegido la carretera que sube hasta la Morera de Montsant: en mi imaginario tenía ganas de bajar a toda leche por esa carretera demencial de placas de cemento hasta Escaladei, pero llego a la Morera casi a las siete de la tarde y anocheciendo. No disfruté nada la bajada. Las manos se me congelaban y sufría por poder controlar los frenos. Tanto peso no hace más que empujar hacia abajo y se me estaban agarrotando los dedos. Los de las manos (con doble guante), porque los de los pies ya hacía rato que no los sentía. Ni me entero de como llego a la Vilella Baixa, en plena noche y con las luces parpadeando. La última subida hacia Gratallops, de apenas 3kilómetros y guiado allá arriba por la sombra de Buil&Giné, fue agotadora, agarrotado como estaba. Al fín, alcanzado el pequeño collado y al ver las luces de Gratallops tan cerca, tras más de 95kilómetros, casi seis horas pedaleando y en el frío y oscuridad de la noche, lancé un suspiro de alivio. La hospitalidad con la que me recibió mi amigo Fredi, el fuego encendido, esa ducha (¡esa ducha!), la copa de vino y el plato caliente fueron el mejor oasis del mundo.

t2Cielo en Vilabella

t3Cielo remontando el Brugent, cerca de Farena

t5Cielo en Capafonts

t6Cielo en les Muntanyes de Prades

t7Cielo en el Priorat (prometo ir desinstagramizando algunas fotos).

t8Paso fugaz por Escaladei, ya de noche y medio congelado

Publicado en La via líquida | Deja un comentario

Las horas canónicas u ocho momentos de marzo: Prima

El 9 de marzo de 2013 aparqué mi amiga y lo dedicamos, con Oriol, Mercè i família, a visitar Santes Creus, que yo no conocía. Les agradezco su tiempo y paciencia en volver a pasear por un lugar que es común para ellos, para el descubrimiento por parte del viajero. El placer de rememorar, el placer de mostrar al otro. El placer de regalar.

2013-03-09 14.36.56

Santes Creus es un Monasterio cisterciense y sepulcro de algunos reyes catalanes. No voy a recitar aquí toda su historia porque no es mi idea y además, el que quiera saber más, que clique este enlace y la wikipedia se encargará de resolver todas sus dudas. Lo que si recomiendo es visitar este lugar. En Catalunya nos llenamos la boca con Ripoll, Sant Joan de les Abadesses, el eje Girona-Canigó (Santa Cecília de Molló, Sant Martí del Canigó, Sant Miquel de Cuixà… hasta Sant Pere de Rodes) e incluso los monasterios románicos del Pirineo de Lleida, todos ellos como el origen de nuestro país. Y es así, en gran parte. Pero esta predilección por el norte del país suele excluir casi siempre las comarcas del sur y el patrimonio histórico tan bestial que hay en ellas: Santa Maria de Vallbona, Santes Creus y el más conocido Santa Maria de Poblet. En definitiva, el Císter. Una orden que articula la memoria última (o primera, en verdad) de lo que es este país y de lo que somos.

El Císter fue fuerte aquí. Se aprovechó de una tierra reconquistada, profunda y rica en agricultura cerca del río Gaià (como del Francolí o el Riucorb) y viñedos circundantes en el secano. Me alegra saber que empiezan a haber unos discretos pero firmes movimientos de revalorización del territorio, articulado entorno al río, con los vinos, por ejemplo, como uno de sus ejes conductores. Habrá que estar pendiente.

De la visita a Santes Creus, más allá del magnífico claustro, de los sepulcros reales, de la iglesia y el palacio real, de todo un conjunto armónico, me quedo con un mapa que ha dado vueltas en mi cabeza muchas veces después. Es el mapa europeo, con sus detalles de la Península y de la antigua Corona de Aragón también, de la expansión del Císter entre los siglos XII y XIII. El vino, tan necesario en la liturgia religiosa pero también en el consumo diario (ya sabemos que la salubridad del agua no ha sido muy fiable durante la historia) fue uno de los motores de los cistercienses. Se instalaron en zonas donde la uva era de gran calidad, usaron el vino en su liturgia y en su vida diaria, también comerciaron con él. Sensibles como eran, central como fue el papel del vino, contribuyeron definitivamente a su refinamiento.

IMG_20130311_230100

Sabiendo esto, para alguien ligeramente familiarizado con los mapas europeos de zonas vinícolas, la detallada observación del mapa de la expansión del Císter por Europa da pistas, explica cosas, se entiende por qué en unos lugares hay Monasterios y en otros no, y por qué en algunas zonas abundan más que en otras, mucho más dispersos. Miremos la Borgoña y los grandes ríos centrales europeos, miremos el arco mediterráneo y los valles del Ebro y del Duero, miremos el gran vacío del sur peninsular (claro, los árabes) y la espectaculra traza del Camino de Santiago. Esta gente, a la que debemos tanto, sabía un rato de donde había que estar para aprovechar lo mejor de la tierra. Ora et labora.

Por la tarde, y después de comer en el Grau, un lugar como tantos hay en Catalunya, fruto del desarrollismo franquista, donde se come y se bebe decentemente (a menudo sin que los dueños sepan lo que tienen entre manos), ahora en época de calçots, aquí si, damos un paseo en coche por la zona, Oriol me quiere enseñar algo. Subimos por una carretera bastante estrecha, cruzando pequeñas aldeas. Una zona algo remota, entre tres denominaciones como son Penedès, Tarragona y la Conca de Barberà. Alturas cerca de los 900 metros. Nos vamos internando en bosque cerrado mediterráneo. Ahí, aislado, aparece el Mas de la Vilella abandonado, y unos vigorosos viñedos jóvenes, plantados en tierra arcillosa, muy roja, recientemente labrados y podados. Estamos en el terreno de Les Vinyes de l’Albà, una zona pura, aislada, alejada de todo pero no tanto como pareciera. Un enclave magnético. Había probado el vino pero no conocía en absoluto las tierras que lo ven nacer. Un fabuloso cierre de día. Hoy no hemos pedaleado, pero ¿qué más podemos pedir?

2013-03-09 17.34.07
Mas de la Vilella

No puedo dejar de contar una anécdota simpática que se produjo en la entrada del recinto. Entre la explanada donde aparcan los autobuses e intramuros había cuatro tenderetes, el típico mercadillo de sábado, con productos de la región (algún vino, frutos secos, aceite, miel y confituras), libros de viejo, una especie de anticuario con más baratijas que otra cosa y la consabida parada de quesos. De queso, más bien. Porque había un sólo queso. Enorme, un gruyère que un muchacho sencillote y simpaticón iba ofreciendo a los transeúntes: “¿Quiere probar, señora?”, “¿Un poco de queso, señor?”. Al pasar nosotros por delante sigue con la cantinela y Oriol, ni corto ni perezoso, le suelta: “¿De dónde es este queso?”, “De Suiza, señor, ¡es un gruyère!”, “¡Ah! ¿Es que no hay buenos quesos por aquí, que hay que traerlos de Suiza?” dicho sea que Oriol lo soltó sin malícia, más por provocar y divertirse que por otra cosa. Pero el muchachote de los quesos quedó algo trastocado: “bueno… si… esto…”. Y ahí le dejamos con sus dudas metafóricas sobre el origen del queso suizo a las puertas de la tumba del Rey Pedro III de Aragón.

2013-03-09 12.02.18 2013-03-09 12.07.41 2013-03-09 13.36.54 2013-03-09 14.03.08

Publicado en La via líquida | 2 comentarios

Las horas canónicas u ocho momentos de marzo: Laudes

Hay personas que iluminan con sus palabras. No quiero que se entienda como algo pomposo o trascendente, para nada, lo que digo trata de cómo percibimos lo claro y lo diáfano de un discurso. En el mundo del vino, como en todos, hay mucho ruido y mucha confusión, debates que dispersan y focos mal dispuestos: se sobrevaloran temas menores y quedan a oscuras sin debate temas de mucha mayor importancia. O que deberían importarnos más a los que nos dedicamos a esto. Contrariamente, se diluyen en un mar de pereza e incapacidades. Y desinterés.

Pienso esto de Oriol. Pienso en un agitador desde la discreción. Quizás él se sonrojaría al leer esto, quien sabe. Pero ya lo pensaba ante la expectativa de pasar un par de noches en la casa que junto a Mercè tienen en Vilabella y lo sigo pensando ahora, un año, miles de kilómetros y varias experiencias y unos centenares de horas de reflexión más tarde. A menudo me he cuestionado si la conversación con Oriol debería haberse producido con el viaje más adelantado, no en el tercer o cuarto día de ruta. Pero fue así como sucedió y en cierta medida acotó, expendiéndolos por un lado, reduciéndolos por otro, algunos de los márgenes intelectuales y de proyección reflexiva, tanto personal como sectorial, de mi viaje.

Sucede pocas veces. Este del vino es un sector que discute poco, demasiado poco sobre lo que debería y se pierde en horas y más horas de ferias populares o profesionales para saciar gaznates sedientos. Nada de malo en ello si se complementara con lo que falta. Poco más en medio de ese magma de alcohol y rostros encantados de conocerse y ponerse tibios con lo que les echen. De acuerdo, el componente de la fiesta es inseparable al vino. Y yo el primero que me apunto. Pero falta lo otro. Todos felices con unas copas de más, pero la tormenta se cuece por debajo.

La expectativa de una conversación pausada con Oriol sobre el paisaje, la honestidad del buen vino, la gente que lo hace, las problemáticas actuales, los enfoques filosóficos y las vicisitudes mundanas, los traumas históricos, los discursos vacíos y las modas pasajeras o algo fundamental como la pérdida de músculo de una sociedad como la nuestra vista a través de la cocina o el vino… digo que la expectativa de una conversación con él siempre me resulta estimulante. Copa en mano, por supuesto. Y así fue.

vinyes de l'Albà

Publicado en La via líquida | Deja un comentario

Las horas canónicas u ocho momentos de marzo: Maitines

¡Qué pereza! Levantarme ese viernes 8 de marzo en casa amiga pero ajena fue como intentar despertar un oso tras meses de hibernación. Lento y pesado. Tardé un buen rato en ser algo parecido a una persona dispuesta a pasar parte del día moviendo las piernas arriba y abajo. Salí tarde, hacia mediodía, el día era soleado y luminoso, no sólo lo leo en las notas, lo recuerdo perfectamente. Y recuerdo también el persistente viento, aunque (por ahora) no me molestaría demasiado. Aún así, los juegos de nubes pasando a toda velocidad, acompasando momentos de calor sofocante con intervalos oscuros de aire helado, marcaron gran parte de ese segundo día de ruta.

Un día partido en dos: por la mañana aún luchando por alejarme de los tentáculos urbanos. El Penedès es un país eminentemente vinícola pero la ventaja (comercial) de su proximidad con Barcelona es, también, su mayor enemigo. Es un país contradictorio y contrapuesto, doblemente destrozado por el paso de numerosas infraestructuras (autopistas, vías rápidas, trenes lentos y de alta velocidad, presencia de polígonos por todas partes…), todo configurando el omnipresente desorden urbanístico que nos caracteriza. Destrozo sobre destrozo. Destrozo sobre un país, Catalunya, España también ya destrozado de antemano. La alegría del nuevo rico, la velocidad, la ambición, el querer alejarnos demasiado rápido de la pobreza pasada y demasiado profundamente incrustada en nuestro ADN, nos han dejado un terriorio arrasado, sin orden estético alguno y, lo que es peor todavía, sin ningún atisbo de que alguien medianamente responsable sea consciente de este destrozo. Nos hemos acostumbrado a esto. Tardaremos en salir de la crisis, porque no es económica, ni en la economía está la explicación, esto va mucho más allá y con 7 años de penurias no nos bastará. Hay que leer otras cosas, y quizás sean las que siempre han estado ahí…

La tarde, tras fideuà y revuelto de calçots en Llorenç del Penedès, puso algunas cosas en su sitio, y pese al escollo que supuso superar la cuesta a la Pineda de Santa Cristina, en paralelo a una polvorienta C51 todavía en obras, otro desastre, otro más, entrar en el Alt Camp y pasar rápido por Rodonyà hasta Bràfim, con unos cielos preciosos, me puso de tan buen humor que las reflexiones sobre el “país trinxat” fueron quedando atrás. Hay algo en el orden estético del paisaje, en su belleza intrínseca, que nos reconcilia con nostros mismos. Será la armonía. Los pocos kilómetros que me quedaban hasta Vilabella, pese a los postes eléctricos que lo desgracian todo, fueron de una belleza civilizada, de paisaje limpio mediterráneo, de viñedo y olivos y cielos crepusculares, viento purificador y, al fín, entrada en la hermosa Vilabella, que no es que sea especialmente hermosa, pero es el rincón donde unos amigos tienen no sólo casa sino parte de su historia y de su vida, y eso ya lo convierte en un lugar muy hermoso.

Castellet
Castellet y embalse del riu Foix

Arboç
L’Arboç

El país trinxat
El pais trinxat

C51C51

Cels 1Paisaje y cielo

El camí
El camino

CrepuscleEl crepúsculo

cine vilabellaCine Vilabella

Publicado en La via líquida | Deja un comentario

A propósito del 7 de marzo 2013

Casi no dormí. No me acosté tarde, la víspera, pero ya sabemos como son estas cosas, antes de salir la cabeza está en plena ebullición, imaginamos qué pasará, nos corroen las ganas y, al final, debían ser las tantas de la madrugada cuando cerraría los ojos, agotado. Y así me levanté, el 7 de marzo del 2013, cansado pero con las lógicas ganas de empezar de una vez. Rituales a establecer: desayunar, mallas, culotte, jersei ciclista, todo eso y cargar los bidones. Hacía suficiente calor como para salir en culotte corto, no me gusta especialmente llevar la pierna tapada, no soy muy friolero. Al rato, bajar la bici a la calle y tras una simulación de estiramientos, la última foto. Se la pedí a un chico que salía del polideportivo. La portera miraba con curiosidad, como siempre, pero no preguntaba nada. Ni se podía imaginar. Casi ni yo me lo podía imaginar.

7/03/2013

7/03/2013

Me gustó empezar solo, sin despedidas, la más importante vendría una docena de kilómetros más tarde. En mi barrio de toda la vida, en mi calle, frente a mi guardería. Me puse el casco, ajusté las gafas, monté la bici y suavemente me deslizé calle abajo para buscar una Craywinckle a la que todavía no me acostumbro (le cambiaron la dirección hace unos años, no sé cuantos) e, intentando controlar gestos y disimular patosidad, enfilar por la Bonanova hacia Sarrià, Pedralbes, carretera d’Esplugues… Conozco de memoria todas estas calles, tenía clarísimo como llegar a mi primera parada: Gavà, una zona poligonera bastante machacada por la crisis para despedirme de quien debía despedirme más que nada en el mundo. Despacito, parando en cada semáforo con infinita prudencia, cruzando Esplugues, Cornellà, el concurrido puente del Llobregat hacia Sant Boi (nunca es fácil entrar ni salir de las grandes ciudades, hay que estudiar al detalle por donde ir, o te metes en una autopista sin darte cuenta, háganme caso) y al cabo de un rato, tras sortear la vía del tren, parar en el polígono ese de Gavà. Dice mi amigo Sergi cuando vio la foto de la despedida que dificilmente haría otra foto mejor en todo el viaje. La cosa es que esa foto la hizo un tercero, así que todos contentos.

SempreY ahora si, tras la despedida de verdad, definitivamente salir del embrollo urbano para volver, por el otro lado, 5 meses y medio y más de 6.000kms más tarde. “Roda el món i torna al Born”, dice el dicho catalán. Y, bueno, no rodé el mundo, sólo la península, aunque a mi me vale.

Si uno mira el recorrido del primer día, es un poco frustrante: hice poco más de 63kms, hasta Vilanova i la Geltrú, enfilando la agotadora carretera de les Costes del Garraf (no por dura, sino por el poco arcén y la ingente cantidad de vehículos), con constantes miradas atrás hacia Castelldefels y el área metropolitana de mi ciudad, metiéndome en la autovía sin querer en Sitges, llegando hasta Sant Pere de Ribes, yendo a Can Ramón a saludar a Manel, que justo estaba almorzando, volver a bajar a Sant Pere, encontrar un sitio donde comer, y comer muy bien, volver a subir a Can Ramón con la barriga llena y después de charlar un rato con Manel y regalarme una botella de su fantástico espumoso de malvasía (botella que dejaría discretamente en la atiborrada nevera de mi anfitrión), bajar hasta Vilanova donde casi se me echa un coche encima (uno de los dos sustos del viaje -el otro fue en Asturias-, EMPEZAMOS BIEN, pensé) y llegar a casa de un buen amigo que me dejó la llave en su ausencia, aunque bueno, pasaron cositas que no vienen al caso y tuve oportunidad de saludarle. Y si, esa noche si dormí como un bebé, ya metido en el hábito del feliz y pacífico agotamiento del pedaleo.

Vista enreraPero lo extraño del primer día no fue eso, al contrario, todo eso estubo estupendo y el hábito de pedalear con el peso de las alforjas, y el tiempo mismo pasado encima de la bici, así como los encuentros del día, fueron estupendos. Lo frustrante vino por la sensación, la extraña sensación de no haber salido de la ciudad, de estar rodando por un sitio que conoces tan bien que no parece que estés de viaje. La ruta no engaña, el continuum urbano es el que es y aunque al día siguiente la cosa cambiaría radicalmente, aún tardaría más de una semana en empezar a sentir que realmente estaba viajando: tendría que cruzar el Ebro y adentrarme en Terra Alta y los límites entre Aragón y Valencia para sentir esa cosquilleante sensación del “viaje”.

ManelManel Aviñó: Can Ramón/Clos Lentiscus. Sant Pere de Ribes.

El dato:
Legends Tavern:
 Plaça de la vila, 4. Sant Pere de Ribes
. Tf: 938 96 11 29

Joan, el simpático cocinero me vio atareado con la bici en la puerta, mirando el menú, y salió a ofrecerme guardar la bici en un trastero para que pudiera comer tranquilo. Caían cuatro gotas. Comí unos excelentes pies de cerdo a la brasa acompañados de una ensalada de temporada. Con bebida y postre resultaba un medio menú a 10€, sabrosísimo y lo justo para no rellenar demasiado la barriga. Le conté a Joan que estaba dando la vuelta a España en bici y apenas llevaba una cuarentena de kilómetros, que era mi primer día. Me preguntó un montón de cosas y prometió seguir el blog, que aún estaba sin “montar”. Lo simpático de todo es que el pasado octubre, volviendo de una feria en Priorat (en coche), deshice el camino exacto que había hecho en bici y paré a comer en este mismo lugar. Joan, nada más verme, me reconoció: “Osti! Ja has acabat?”. Y, claro, repetí pies de cerdo, esta vez menú completo.

Portes 7/3/13

Publicado en La via líquida | Deja un comentario

A propósito del 4 de marzo 2013

La fecha de salida prevista era el 4 de marzo de 2013. Hacía ya muchos meses que había sido definida para el primer lunes de marzo del 2013. Todo un calendario dependía de ello. Pero el sábado anterior, primero de marzo, ya tenía claro que no podría ser. La casa, mi casa, siempre tan escrupulosamente ordenada, parecía una trinchera del Somme. Todo estaba mezclado con todo, desperdigado por todas partes. Me largaba “sólo” seis meses y aunque había planificado bastante bien qué hacer y cómo dejar las cosas, tanto los preparativos del viaje y el equipo como el hecho de dejar bien organizado todo lo que se quedaba (facturas, papeles varios, plantas que regar, esas cosas) se me había venido encima. Descubrí cosas como que estaba pagando servicios de mantenimiento eléctrico que no necesitaba, que había facturas que no cuadraban, que tenía que hacer sitio para meter todos los papeles dispersos y los libros sin estante, o tirar esas cosas que un par de años atrás me parecieron indispensables. De estas, unas cuantas. El material de viaje todavía no estaba cerrado totalmente, es más, tenía dudas sobre si me faltarían un par de cosas. Tonterías, si, pero al fín y al cabo de estas hay un montón en un viaje. Ya era sábado noche. Domingo no podría comprarlas y no quería salir el lunes sin todo lo necesario.

Cuando uno va a realizar un viaje de este tipo, nacen, crecen y se reproducen en el cerebro dos imágenes bastante concretas. Al menos este fue mi caso. Una es muy definida y es el momento de salida, la foto justo antes de enfundarse los guantes, la despedida, las primeras pedaladas, los primeros kilómetros… el primer día, en fín, el comienzo. Las otra, más difusa pero igualmente presente, obviamente, es la del momento opuesto: la llegada, la última noche y el último día, los últimos kilómetros, los últimos metros, el último instante, cómo nos recibirán los nuestros, el final, la vuelta a casa… si es que el viaje no ha cambiado algo de todo esto.

Ésta era la historia. La película que me había montado del momento de la salida no incluía pasar por la farmacia a buscar esto o por la ferretería o el decathlon a por lo otro. Tenía un tiempo mental definido para las cosas importantes y para las primeras pedaladas. Y mi cabeza se negaba a “embrutecerlos” con compritas de última hora.

Así pues, entre el caos casero de papeles, facturas, mallas, calcetines y herramientas para la bici, definí que el 4 de marzo, lunes, tal y como preveía, no podría empezar mi viaje. No era tan grave, en el fondo. Tenía una fecha flexible para llegar a Valencia, primera gran ciudad y cierre del primer gran bloque (definí mi viaje en grandes bloques en espacio y tiempo), y de ahí, deshaciendo un recorrido aproximado, contando con las paradas obligatorias que no quería perderme, el hecho de salir un día más tarde significaba poco, realmente. Lo que más me jodía en ese momento era no tener terminado el blog, ni los enlaces a las redes sociales, ni las cuentas en dropbox ni los sistemas para enviar atumáticamente las fotos desde el móvil a flickr y de ahí al blog y a facebook. Cosas pequeñas, en definitiva, que no significaban mucho tiempo, pero que no había hecho y se me echaban encima. “Bueno,” pensé “cuando llegue a Gratallops, en casa de Fredi estaré unos días y allí lo podré dejar todo listo, ya sin este fregao en la cabeza y en pleno viaje.” Realmente así fue. Y a partir de ahí el tema del blog y las fotos funcionó a las mil maravillas.

Lo que yo no sabía es que tampoco podría empezar el 5 de marzo, ni el 6, sino el 7 de marzo, jueves. Esa fue la fecha final de salida. Un tormentón que descargó en Barcelona durante 48 horas -tras meses de sol y sequía, la primavera de 2013 llovió sin parar- me impidió literalmente empezar cuando ya estaba listo para hacerlo. No era plan empezar y, nada más llegar a Plaza España, en el km.2, estar ya empapado. No, lo lógico era esperar a que arreciara, ya no venía de aquí. Ya tendría tiempo de pedalear y mojarme bajo la lluvia. Así que el domingo día 3 de marzo, liberado de la presión de salir el lunes sin todo terminado, pude hacer una pequeña escapada a Montjuic con la bici, desargada de alforjas y pesos varios, para estirar las piernas. Esta foto es de esa misma tarde.

Montjuic
Del día 4 no conservo ninguna imagen, está todo bastante confuso. Recuerdo que por la tarde era consciente que el panorama meteorológico se iba a complicar, y que podría no salir el martes y con suerte el miércoles. Se puso a llover, por la noche, y me pasó como a los protagonistas de El mundo sumergido de J.G. Ballard: mis movimientos se volvieron más lentos, casi reptilianos, de modo que fui adaptando el ritmo de reorganización del caos casero a la realidad de la salida pospuesta. Todo fue organizándose mucho más lentamente. Tanto, que el miércoles 6 a mediodía, consciente que la tarde ya iba a escampar y que el jueves 7, finalmente si, iba a poder salir, el miércoles 6, digo, estaba terminando con todo el ordenamiento y mando de mi casa. Todo estaba patológicamente ordenado, maniáticamente organizado y perfectamente en su justo lugar.

Y así, pues, fue como el día 6 de marzo, a media tarde, cerré la puerta del 5º, bajé la bici cargada ya con todo, peldaño a peldaño, gota de sudor a gota de sudo, 90 veces hasta la calle, húmeda y muy resbaladiza, le hice una foto, me puse el casco y empecé el precalentamiento, de unos 10 kilómetros, desde el Poble Sec hasta el Putxet, casa de mi madre y lugar elegido para empezar, al día siguiente, la aventura. Nada acostumbrado, estuve a punto de perder el equilibrio mil y una veces, no podía con todo ese peso. En ese momento no me creí capaz, ya no de dar la vuelta en bici a España, sino de llegar a Vilanova i la Geltrú, destino final de la primera etapa. ¿Estaba loco? Fue complicado subir hasta la zona alta. Elegí una ruta larga para cruzar la ciudad, pero abundante en carriles bici y calles tranquilas. Hice una parada en casa de Laia para espedirme de ella y de Jan. En ningún momento calé las zapatillas en el lado de las calas automáticas de los pedales. Me hubiera hostiado fijo. Qué buena idea poner pedales con cala por un lado y libres por el otro. Pero muestra que terminé la vuelta sin incidentes, no la del prólogo al primer día, sino toda, es que ese prólogo lo completé, con paciencia y sólo un poco de sudor. Pericia, señor Pullings, eso es pericia marinera. No, no estaba yo muy en forma. Pero ya tendría ocasión de ponerme…

Bici Poble Sec

Publicado en La via líquida | Deja un comentario

6 meses… un año, balance abierto

Bref. (como dicen por aquí).

Hace unos 6 meses, día arriba día abajo, que terminé este viaje en bici alrededor de España, para conocer, como ya he dicho muchas veces sus gentes, sus paisajes y sus vinos. Y de paso, ya que estaba, ordenar cosas propias. Lo terminé el 17 de agosto de 2013 donde empecé, cerrando el círculo, en el barrio del Putxet, de Barcelona. Y el 20 de agosto ya estaba en el Roussillon, en Latour de France (no es Roussillon, pero todo se explicará, en los próximos días), donde ahora vivo y trabajo.

Un año después de haber empezado el viaje, aquí estoy. No tengo sensación de ruptura, de “nueva etapa”. El viaje terminó pero la continuación, por otros medios, fue tan natural, sin traumas, aunque también sin balances pausados, sólo poniéndome a trabajar a fondo en la vendimia y en lo que ha seguido después, un tourbillón de novedades y sensaciones, que hasta hace muy pocos días no pude empezar a plantearme hacer balance, por escrito, de todo lo visto y hecho. Todo lo que significó. Y significa. Los tentáculos son largos…

Vendimia Montner Esta es la razón de la reapertura del blog. No será por mucho tiempo, creo. Prefiero decirlo de entrada. Mi idea es contar lo que durante el viaje no pude contar por razones “logísticas”. No será sistemático, no saldrá ningún libro de todo esto, como mucho una lista de direcciones de todo tipo y quizás algún anecdotario. Esto se irá intercalando, simulando un formato de diario. Bastante lío he tenido en recuperar y ordenar fotos, notas, papeles, tarjetas, apuntes… Me impongo este testimonio, coincidiendo con el aniversario de la partida, como una forma de reconciliarme con mi memoria, que si quiere puede ser muy aguda, pero seguro pierde detalles. Ya los ha perdido y de forma notoria. Basta de excusas. Es una forma de aprovechar la coincidencia del calendario para poner en papel (o en wordpress) algunas de las cosas que fueron pasando. Algunas. Una especie de balance, al fín y al cabo.

Será en castellano. ¿Porqué? Porque si. De la misma forma que no consideré justificarme por un viaje narrado y contado (mayormente vía imágenes aunque casi siempre) en catalán, aún incluso con puntillitas de amigos, no lo pienso justificar ahora.

Salud y bienvenidos de nuevo a lavialiquida (reloaded, o algo así)…

Pigeage

Publicado en La via líquida | Deja un comentario

Fins ara!

Fins ara! by Marc Lecha
Fins ara!, a photo by Marc Lecha on Flickr.

A punt per la verema! Fins ara!

Publicado en La via líquida | Deja un comentario

Dades i curiositats numèriques

Del 7 de març al 17 d’agost, 163 dies (dels quals 89 pedalejant)

Quilòmetres: 6.333,12. És la distància entre Barcelona i Qatar, Khartum o Yaoundé. També valdria o anar i tornar a Helsinki o Istambul (i encara ens en sobren uns quants).

-Un total cronometrat de 334h 27m 40s damunt la bicicleta, amb uns promitjos de: 71,16 qm/dia i un ritme de 18,9qm/h.

-La màxima altitud assolida: 2.115mts, port del Tourmalet. Fora dels Pirineus, els 1.860mts de Navacerrada.

Cadiz

-He trepitjat 14 Comunitats Autònomes, totes menys les ínsules i (declaració de principis?) La Rioja.

-Amb aquest, són 505 posts (el 99% fotogràfics) amb unes 16.500 visites.

-He visitat un total de 58 cellers (petits, mitjans i grans). En un principi i durant bona part del viatge, augmentar aquesta xifra m’importava i força. A partir d’un moment determinat, va deixar de tenir valor per guanyar-lo el punt següent:

-Perdo el compte al passar d’uns quants centenars els encontres i les converses de tota mena.

Ruben

-La jornada més llarga va ser el 9 de juny: 134,05km. 6h29m03s. 20,6km/h. Ribadavia-Baiona. No s’acabava mai…La jornada més ràpida va ser el 26 d’abril: 61,18km. 2h21m58s. 25,8km/h. Trebujena-Utrera. Va ser un vist i no vist.La jornada més lenta va ser el 9 d’abril: 68,47km. 5h14m29s. 13,0km/h. El Ejido-Barranco Oscuro. Un dia que recordo en que no parava de pujar i pujar i pujar…

-Incidències mecàniques: 7 punxades, 2 trencaments de radis i un canvi de cargol.

-La despesa real ha superat en un 6,4% el pressupost inicial, la qual cosa és, estrictament des del punt de vista econòmic, força raonable. Si hi afegim tot allò que no es pot quantificar numèricament, i ha suposat aquest viatge, és una xifra ridícula.

Perezbarquero2

Publicado en La via líquida | Deja un comentario

163 dies

Esta galería contiene 2 fotos

Galería | Deja un comentario

Barcelona!

Barcelona! by Marc Lecha
Barcelona!, a photo by Marc Lecha on Flickr.

AQUESTA SI és l’entrada que volia!

Publicado en La via líquida | Deja un comentario